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La enfermedad ha sido rebautizada como síndrome ovárico metabólico poliendocrino para reflejar mejor sus amplios efectos sobre la salud.

Durante décadas, a millones de pacientes con síntomas como periodos irregulares, dolor pélvico, exceso de vello corporal y acné se les ha dicho que padecen el síndrome de ovario poliquístico, o SOP. Muchas de ellas luchan por obtener un diagnóstico y se enfrentan a un estigma cuando lo consiguen, y las opciones de tratamiento son imperfectas.

Un consorcio internacional de médicos e investigadores ha llegado ahora a la conclusión de que una de las raíces de estos problemas es el nombre de la enfermedad. Muchas pacientes diagnosticadas con “síndrome de ovario poliquístico” no tienen quistes ováricos en absoluto, pero a menudo presentan una disfunción hormonal y metabólica generalizada.

Así pues, el SOP ha pasado a llamarse SOMP, o síndrome ovárico metabólico poliendocrino, según anunciaron el martes los miembros del consorcio en un artículo publicado en The Lancet, tras un proceso de varios años de duración.

En el proceso de cambio de nombre participaron 56 organizaciones y encuestas a miles de pacientes y profesionales de la salud. Sus miembros escribieron en el documento que el consorcio se empeñó en ello porque el nombre anterior no describía con exactitud la enfermedad, “lo que contribuía a retrasar el diagnóstico, fragmentar la atención y estigmatizar, a la vez que limitaba las investigaciones y la formulación de políticas”.

Dijeron que esperaban que el cambio de nombre transformara la forma en que las pacientes entienden la enfermedad —que afecta a entre el 10 y el 13 por ciento de las mujeres en edad reproductiva, según la Organización Mundial de la Salud, así como a personas transgénero— y la forma en que los médicos la tratan.

Cuando se considera que una afección afecta a un órgano, todo, desde la financiación de la investigación hasta la educación y las directrices clínicas, “se pone en esa caja”, dijo Helena Teede, endocrinóloga y profesora de salud de la mujer en la Universidad Monash de Australia, y autora principal del artículo. “Y en este caso, estaba en la caja equivocada”.

Eso significa que los estudiantes de medicina suelen aprender sobre esta enfermedad solo en los cursos de ginecología, a pesar de ser una enfermedad endocrina que afecta a muchos sistemas corporales. Además de los síntomas ginecológicos, el SOMP puede provocar cambios en el cabello y la piel y se asocia a un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y apnea obstructiva del sueño.

Debido a que la formación médica sobre esta enfermedad se ha enfocado tanto en los ovarios, los ginecólogos y endocrinólogos reproductivos que suelen atender a pacientes con SOMP a menudo no las derivan para que se sometan a pruebas de detección de esas otras enfermedades o ni siquiera les advierten de que corren un riesgo mayor, dijeron varios expertos.

Es frecuente que las pacientes se sientan confundidas por un diagnóstico de SOP si no tienen quistes o que se asusten ante la perspectiva de desarrollarlos porque creen erróneamente que los quistes pueden ser cancerosos, dijo Christine Carlan Greves, ginecóloga-obstetra del Orlando Health Women’s Institute, quien no participó en el cambio de nombre. Añadió que esperaba que las conversaciones se centraran menos en los efectos de la enfermedad sobre la reproducción, porque “la vida de una mujer es mucho más que eso”.

Melanie Cree, catedrática de endocrinología pediátrica de la Universidad de Colorado Anschutz y coautora del artículo de The Lancet, dijo que cuando solicitó subvenciones a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por su sigla en inglés) para estudiar la afección, las solicitudes normalmente se dirigían al instituto dentro de los NIH que se ocupa de la salud reproductiva, el cual tiene un presupuesto relativamente pequeño.

Cree dijo que esperaba que, con el cambio de nombre, la investigación sobre el SOMP pudiera optar a financiación a través de los institutos de los NIH que cubren, por ejemplo, la diabetes y las enfermedades cardiacas. (Un portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios). Las agencias de salud de otros países y las organizaciones no gubernamentales que financian la investigación podrían ampliar igualmente las oportunidades de financiación.

Durante los próximos tres años, dijo Teede, los miembros del consorcio llevarán a cabo una campaña internacional para comunicar y explicar el cambio de nombre.

El cambio podría tener implicaciones inmediatas para algunas pacientes, al incitar a los médicos a recomendar más pruebas de detección de problemas metabólicos y cardiovasculares. Normalmente, dijeron varios expertos, a las pacientes se les prescriben anticonceptivos para sus síntomas, si no están intentando quedar embarazadas. Pero, aunque esto puede ser muy eficaz y seguirá formando parte del tratamiento de muchas pacientes, no aborda todos los efectos de la enfermedad.

Con una comprensión más amplia de lo que es el síndrome, pueden surgir otros tratamientos. Pero son necesarias muchas más investigaciones, dijo Cree: como la financiación ha sido tan limitada, las pacientes suelen ser tratadas fuera de lo indicado con fármacos que fueron aprobados para otras afecciones.

Basma Faris, profesora adjunta de obstetricia, ginecología y ciencias de la reproducción en la Facultad de Medicina Icahn de Monte Sinaí, quien no participó en el estudio, dijo que las pacientes con SOMP deben ser vigiladas estrechamente para detectar la resistencia a la insulina y los factores de riesgo cardiovascular, como el colesterol alto, y recibir asesoramiento sobre nutrición y otros cambios en el estilo de vida. También señaló que el SOMP se asocia a un mayor riesgo de cáncer de endometrio, que las mujeres deben conocer para estar atentas a los primeros síntomas.

Faris dijo que esperaba que el cambio de nombre “nos reorientara a pensar en esto como una afección crónica a largo plazo y no solo como un problema del periodo”.

Fuente: The New York Times