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El nuevo reporte de Alzheimer’s Disease International (ADI) revela un auge científico sin precedentes en la investigación. Sin embargo, advierte que el progreso global corre el riesgo de estancarse.

La investigación médica sobre la enfermedad de Alzheimer y otras demencias ha ingresado en una etapa de renovado optimismo y expansión científica. Coincidiendo con el Día Mundial del Alzheimer (21 de septiembre), la organización Alzheimer’s Disease International (ADI) presentó el World Alzheimer Report 2026, titulado "Una nueva era en los ensayos clínicos sobre demencia".

El documento revela que actualmente existen 158 posibles terapias en desarrollo evaluadas en más de 192 ensayos clínicos en todo el mundo, con ocho ensayos de Fase III previstos para alcanzar sus fechas de finalización primaria durante 2026. Este despliegue ocurre en un contexto demográfico crítico: más de 60 millones de personas viven con demencia a nivel global, cifra que se proyecta superará los 139 millones para el año 2050. Más del 60 % de los afectados reside en países de ingresos bajos y medios, una proporción que escalará por encima del 70 % a mediados de siglo.

A diferencia de décadas anteriores marcadas por la frustración, el mercado ya cuenta con los primeros medicamentos modificadores de la enfermedad —como lecanemab y donanemab—, los cuales han demostrado capacidad para frenar el deterioro clínico en aproximadamente un 30 % al atacar la patología amiloide. Sin embargo, la comunidad científica destaca que estas terapias son solo el primer paso de un horizonte mucho más amplio.

El cuello de botella del reclutamiento y la diversificación científica

A pesar del avance científico, ADI advierte que la brecha de reclutamiento amenaza con paralizar los descubrimientos. Para mantener activos los estudios en curso se requieren 55.000 participantes efectivos. No obstante, debido a las elevadas tasas de descarte durante el cribado (que oscilan entre el 70 % y el 88 %) y a los estrictos criterios de elegibilidad médica, se calcula que aproximadamente 350.000 personas deben ofrecerse como voluntarias para cubrir las necesidades de reclutamiento global.

En paralelo, la investigación ha diversificado de manera radical sus enfoques biológicos. Alrededor del 75 % de las drogas en desarrollo se dirigen a mecanismos distintos del amiloide, tales como la proteína tau, la neuroinflamación, la disfunción vascular y el envejecimiento celular. Asimismo, un 35 % del oleoducto farmacológico corresponde a medicamentos reposicionados originalmente creados para otras condiciones médicas.

A esto se suma la revolución de los biomarcadores sanguíneos (como la medición de p-tau217), capaces de identificar la patología de Alzheimer en etapas presintomáticas o de riesgo años antes de que aparezcan los primeros síntomas cognitivos.

Desigualdad geográfica: América Latina ante una oportunidad estratégica

El informe pone de manifiesto una profunda disparidad en la distribución geográfica de las investigaciones. Casi la mitad de los 6.763 centros activos registrados para ensayos de medicamentos contra el Alzheimer se concentran en América del Norte y países de altos ingresos (3.156 centros en América del Norte frente a solo 321 en América Latina y 175 en África del Sur, Australia o Nueva Zelanda).

Esta falta de diversidad geográfica genera el riesgo de producir evidencia científica que no represente plenamente a la población global afectada. Entre los principales obstáculos de acceso destacan:

Diagnósticos tardíos: el tiempo medio de espera desde el inicio de los síntomas hasta la obtención de un diagnóstico es de 3,5 años en la población general y de 4,1 años en la demencia de inicio temprano.

Trabas logísticas y socioeconómicas: costos de traslado, barreras lingüísticas, falta de especialistas y la necesidad obligatoria de contar con una persona cuidadora o compañero de estudio.

Sin embargo, expertos de la región señalan que América Latina está bien posicionada para convertirse en un polo de ensayos clínicos. Ciudades de alta densidad poblacional como Buenos Aires, São Paulo y Ciudad de México cuentan con infraestructura médica avanzada —incluyendo escáneres PET, ciclotrones y tecnología de biomarcadores sanguíneos—. Además, la realización de ensayos en la región resulta considerablemente menos costosa que en Estados Unidos o Europa, lo que facilita procesos de reclutamiento masivos a menor costo operativo.