Programas innovadores recomiendan sumar minutos diarios de ejercicio fuera del aula para potenciar habilidades ejecutivas, fortalecer el cuerpo y estimular el aprendizaje en la infancia y la adolescencia

La incorporación sistemática de actividad física en entornos naturales dentro de las escuelas genera beneficios claros tanto en la función cognitiva como en el bienestar general de niños y adolescentes. Distintos estudios recientes, encabezados por la Nottingham Trent University y publicados en Scientific Reports y Science Direct, demuestran que el ejercicio al aire libre impulsa el rendimiento académico, fortalece capacidades ejecutivas y mejora la atención, especialmente cuando se integra como parte de la rutina escolar.
Más allá del aula: cómo el movimiento y la naturaleza transforman el aprendizaje
Las investigaciones realizadas en el Reino Unido confirman que la práctica regular de actividad física en la escuela no solo favorece la salud física, sino también el desarrollo de habilidades cognitivas cruciales. El control inhibitorio, la memoria de trabajo y la atención muestran avances significativos cuando los estudiantes combinan el movimiento con la exposición a espacios verdes.
Según especialistas de la Nottingham Trent University, la función ejecutiva —que abarca procesos como el pensamiento complejo y la autorregulación— se ve reforzada a través de programas que promueven la actividad física diaria.
Un ejemplo de ello es The Daily Mile, una iniciativa que propone dedicar 15 minutos al día a caminar o correr al aire libre durante la jornada escolar. Scientific Reports señala que este tipo de intervenciones permiten a los alumnos gestionar mejor sus impulsos y concentrarse en las tareas académicas.
Resultados medibles: avances en el rendimiento y la aptitud física
El impacto positivo de la actividad física escolar se refleja en el rendimiento académico y en la condición física de los participantes. Los seguimientos realizados muestran que, tras varias semanas de práctica constante, los estudiantes experimentan mejoras tanto en los procesos mentales como en su estado físico general.
Las investigaciones también evaluaron la influencia del entorno donde se realiza el ejercicio. Nottingham Trent University detalla que los beneficios son más notables cuando la actividad se lleva a cabo al aire libre. Por ejemplo, en ensayos con estudiantes de secundaria, quienes participaron en sesiones de baloncesto de 30 minutos fuera del aula lograron mejores tiempos de reacción y mayor precisión en pruebas de memoria y atención, en comparación con quienes realizaron la misma actividad en espacios cerrados.
Science Direct documenta que la actividad física al aire libre mejoró la velocidad de reacción en pruebas de control inhibitorio hasta en 94 milisegundos respecto al ejercicio bajo techo, además de aumentar la exactitud en tareas cognitivas. Estos efectos favorables se mantuvieron hasta 45 minutos después de la actividad, lo que evidencia la importancia de la naturaleza y el movimiento combinados.
Programas escolares y su impacto diferencial
La experiencia de The Daily Mile se ha extendido a más de 13.790 escuelas primarias en el Reino Unido, permitiendo que alumnos y docentes dediquen un momento diario al ejercicio fuera del aula. Los estudios muestran que, en un periodo de cinco semanas, los participantes mejoraron significativamente el control inhibitorio y su aptitud física.
Sin embargo, los resultados sobre memoria de trabajo, atención y composición corporal fueron menos consistentes en ese plazo. La frecuencia, intensidad y duración del programa influyen directamente en el alcance de los beneficios. Algunas investigaciones detectan cambios positivos en la composición corporal solo cuando la práctica es muy frecuente, mientras que otras no observan variaciones con menor regularidad.
Factores individuales: aptitud física y neurodiversidad
La condición física previa de los estudiantes determina en gran medida el impacto del ejercicio. Investigadores de la Nottingham Trent University advierten que, en deportes como el baloncesto, solo los alumnos con mejor aptitud física presentan mejoras cognitivas, ya que quienes tienen menor entrenamiento experimentan más fatiga y no logran optimizar su rendimiento mental tras el esfuerzo.
La neurodiversidad también influye en la respuesta a la actividad física. En estudiantes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el ejercicio regular mitiga síntomas y ofrece beneficios cognitivos incluso después de sesiones breves, señalaron los especialista. Aquellos con mayor nivel de actividad física cotidiana destacan en pruebas de función ejecutiva, lo que marca la necesidad de estrategias adaptadas en el ámbito escolar.
Recomendaciones para maximizar los beneficios
Las fuentes consultadas insisten en la importancia de revalorizar la actividad física en los programas educativos. Plantean establecer al menos treinta minutos diarios de ejercicio durante el horario escolar, priorizando las actividades al aire libre para maximizar los efectos positivos tanto físicos como cognitivos.
Ofrecer oportunidades cotidianas de movimiento en la escuela puede abrir la puerta a beneficios integrales para la salud y el aprendizaje de los jóvenes. El verdadero potencial de la actividad física escolar reside en su capacidad para estimular el desarrollo cerebral y el rendimiento académico a gran escala.
Fuente: Infobae

