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El Niño evolucionará rápidamente durante los próximos meses y aumentará la probabilidad de temperaturas elevadas y fenómenos meteorológicos extremos, según la OMM.

Lo que hasta hace pocas semanas era una tendencia señalada por los modelos climáticos se convirtió en una confirmación oficial. La Organización Meteorológica Mundial informó que ya se establecieron condiciones características de El Niño en el Pacífico tropical y advirtió que el fenómeno podría intensificarse rápidamente durante los próximos meses.

El nuevo escenario aumenta la probabilidad de olas de calor, sequías, lluvias intensas y otros eventos meteorológicos extremos en distintas regiones del planeta. Sin embargo, esto no significa que todos los países sufrirán los mismos efectos ni que cada tormenta, período seco o temperatura elevada podrá atribuirse directamente al fenómeno.

El impacto dependerá de la intensidad que alcance El Niño, de su duración, de la época del año y de su interacción con otros procesos oceánicos y atmosféricos que también influyen sobre el clima mundial.

La OMM confirmó el desarrollo de El Niño

En un comunicado publicado hace unos días, la Organización Meteorológica Mundial confirmó que ya se encuentran presentes las condiciones oceánicas y atmosféricas asociadas con El Niño. Según el último Boletín sobre el Clima Estacional Mundial, el fenómeno evolucionaría rápidamente hacia un episodio intenso entre julio y septiembre de 2026. Las proyecciones elaboradas por los principales centros internacionales de predicción anticipan un calentamiento constante y significativo del Pacífico ecuatorial central y oriental.

Los modelos indican que las anomalías medias de la temperatura superficial del mar podrían superar los 2 °C en algunas de las regiones utilizadas para observar la evolución del fenómeno. Esto no significa que el océano tendrá una temperatura de apenas dos grados, sino que determinadas áreas del Pacífico estarán más de 2 °C por encima del promedio climático utilizado como referencia.

Aunque esa diferencia pueda parecer pequeña, un calentamiento de semejante magnitud sobre una extensión oceánica tan amplia puede modificar la circulación de la atmósfera y alterar la distribución de las precipitaciones en lugares ubicados a miles de kilómetros.

La OMM destacó que existe una coincidencia considerable entre los distintos modelos, lo que proporciona un nivel de confianza elevado en las proyecciones. También anticipó que El Niño continuará intensificándose durante los próximos meses y que habitualmente alcanza su máxima expresión entre noviembre y febrero.

Qué es El Niño y por qué puede alterar el clima mundial

El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur, identificado también por la sigla ENOS. Se caracteriza por un calentamiento superior al promedio de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Ese proceso está acompañado por modificaciones en los vientos, la presión atmosférica y la distribución de las lluvias tropicales.

En condiciones habituales, los vientos alisios desplazan las aguas más cálidas hacia el oeste del Pacífico. Durante un episodio de El Niño, esos vientos tienden a debilitarse, lo que permite que el agua cálida se extienda hacia el centro y el este del océano.

El cambio modifica la interacción entre el mar y la atmósfera. Como el sistema climático se encuentra interconectado, esa alteración puede propagarse y producir consecuencias en regiones muy alejadas del Pacífico tropical. Algunas zonas pueden recibir lluvias más abundantes, mientras que otras atraviesan sequías o temperaturas excepcionalmente elevadas. Por esa razón, El Niño no genera un único patrón meteorológico en todo el planeta.

Los episodios suelen producirse cada dos a siete años y normalmente duran entre nueve y doce meses. Por lo general, comienzan a desarrollarse entre marzo y junio, alcanzan su mayor intensidad entre noviembre y febrero y ejercen una influencia importante sobre las temperaturas globales durante el año siguiente a su formación.

Aumenta el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, explicó en el comunicado que la rápida intensificación prevista aumentará la posibilidad de sequías, lluvias intensas y olas de calor tanto terrestres como marinas.

Las perspectivas para el período comprendido entre julio y septiembre muestran una probabilidad muy elevada de temperaturas superiores a los valores normales en la mayoría de las regiones continentales ubicadas entre los 60 grados de latitud sur y los 60 grados de latitud norte. Esa extensa franja incluye prácticamente todas las zonas densamente pobladas del planeta que se encuentran fuera de las regiones polares.

Sobre los océanos, los modelos muestran con claridad el calentamiento del Pacífico ecuatorial. La probabilidad de que la temperatura de la superficie marina se ubique por encima de los valores normales al este de la línea internacional de cambio de fecha supera el 80%.

También se esperan temperaturas superiores al promedio en el océano Índico y el Atlántico tropical. En el Atlántico Norte, en cambio, se proyecta un patrón con mayores probabilidades de temperaturas cercanas o inferiores a los valores normales.

Las previsiones de precipitaciones presentan diferencias importantes entre las distintas regiones. Los modelos anticipan lluvias por encima de lo habitual en el Pacífico ecuatorial central y oriental, pero condiciones más secas en sectores de Australia, el subcontinente indio, América Central, el Caribe y el noroeste de América del Sur.

En África, las proyecciones muestran un marcado contraste. Se esperan lluvias por encima de lo normal en las zonas continentales próximas al norte del golfo de Guinea, mientras que en el Cuerno de África podrían registrarse precipitaciones inferiores al promedio.

Para Europa, los modelos plantean mayores probabilidades de lluvias superiores a lo normal en el sur y condiciones más secas en el norte. La OMM aclaró, de todos modos, que el nivel de confianza de las predicciones para ese continente es menor que el disponible para otras regiones.

Lo que había anticipado un investigador del Conicet para Mendoza

A mediados de junio, el doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos e investigador del Conicet Juan Rivera había analizado las señales que mostraban los modelos y sus posibles consecuencias para Mendoza.

Durante una entrevista con el programa MDZ Club, por MDZ Radio 105.5, el especialista explicó que el calentamiento del Pacífico tropical aumentaba la probabilidad de que se desarrollara un episodio intenso de El Niño. Algunas simulaciones planteaban incluso la posibilidad de que alcanzara una magnitud similar a la registrada entre 2015 y 2016.

Rivera señaló que una de las consecuencias posibles para Mendoza sería un aumento de las precipitaciones y las nevadas en la cordillera durante el invierno y parte de la primavera. Una acumulación de nieve superior a la habitual podría favorecer las reservas de agua provinciales y beneficiar las actividades vinculadas con el turismo invernal.

El investigador indicó que las condiciones húmedas podrían extenderse durante buena parte de la primavera, con la posibilidad de que se produjeran nevadas tardías durante septiembre u octubre.

Según explicó, la elevación de la temperatura atmosférica puede modificar la altura a partir de la cual la precipitación cae en forma de nieve. Cuando llueve sobre terrenos cubiertos de nieve o sobre suelos saturados, puede aumentar el riesgo de crecidas y deslizamientos.

Rivera aclaró que la presencia de El Niño no permite anticipar la intensidad ni la duración de cada tormenta. Para conocer esos detalles será necesario seguir los pronósticos de corto plazo y los informes oficiales emitidos antes de cada evento meteorológico.

Las proyecciones climáticas no pronostican cada tormenta

Los boletines estacionales no funcionan como los pronósticos meteorológicos que indican si lloverá, nevará o hará calor durante un día determinado. Una perspectiva climática analiza períodos de varios meses y establece si existe una mayor probabilidad de registrar temperaturas o precipitaciones por encima, cerca o por debajo del promedio histórico.

Esto significa que El Niño puede aumentar la posibilidad de una temporada más húmeda, más seca o más cálida en determinadas regiones, pero no permite saber con meses de anticipación cuándo se producirá cada evento ni cuál será su intensidad exacta.

Para responder esas preguntas es necesario recurrir a los pronósticos meteorológicos de corto plazo, que incorporan información atmosférica actualizada y ofrecen mayor precisión a medida que se aproxima cada fenómeno.

La OMM también remarcó que los colores utilizados en sus mapas estacionales expresan probabilidades y no certezas. Una zona señalada con mayores posibilidades de lluvias superiores al promedio todavía puede terminar la temporada dentro de los valores habituales.

Incluso durante períodos neutrales, en los que no se desarrolla El Niño ni La Niña, pueden producirse tormentas, sequías, inundaciones y olas de calor de gran intensidad.

¿Existe realmente un “super El Niño”?

La posibilidad de que se desarrolle un episodio de gran intensidad suele generar expresiones como “super El Niño”, especialmente en redes sociales y en algunos titulares periodísticos.

Sin embargo, la Organización Meteorológica Mundial aclaró que esa denominación no forma parte de su clasificación operativa y, por lo tanto, no es utilizada en sus productos oficiales.

El organismo clasifica los episodios de ENOS como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes. La categoría se establece principalmente a partir de la magnitud y persistencia del calentamiento observado en áreas específicas del Pacífico ecuatorial.

La intensidad oceánica tampoco permite determinar automáticamente cuáles serán los efectos en cada región. Dos episodios con temperaturas similares en el Pacífico pueden producir consecuencias diferentes debido a la época en la que se desarrollan y a su interacción con otros componentes del sistema climático.

Entre esos factores se encuentran el dipolo del océano Índico, las condiciones del océano Atlántico y otras variaciones atmosféricas capaces de reforzar, modificar o debilitar los efectos de El Niño.

Las alertas tempranas pueden reducir los daños

Ante la rápida evolución del fenómeno, la OMM está reforzando la coordinación de los servicios climáticos y los sistemas de alerta temprana. El objetivo es que los gobiernos, los organismos humanitarios, los sistemas de salud y los sectores sensibles al clima puedan tomar decisiones antes de que se produzcan los eventos más graves.

La agricultura, la producción de alimentos, la generación de energía, la disponibilidad de agua, el transporte y la salud pública son algunas de las áreas que pueden verse afectadas por los cambios en las temperaturas y las precipitaciones.

El organismo internacional está realizando reuniones informativas con agencias de las Naciones Unidas y organizaciones humanitarias, además de seminarios técnicos destinados a mejorar la preparación regional.

La confirmación de El Niño no permite conocer todavía cómo será cada tormenta ni qué regiones sufrirán los impactos más severos. Sí ofrece una señal científica relevante: el sistema climático ingresó en una nueva fase y aumentará la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos durante los próximos meses.