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La Legislatura busca un cuerpo de seguimiento mientras la caja de obras hídricas sigue timbeándose en letras.

Con los suelos saturados y el agua al cuello, la provincia de Buenos Aires vuelve a mirar al cielo con pánico. Mientras los pronósticos meteorológicos anticipan un temporal extraordinario para los próximos meses, la respuesta política oscila entre la creación de comisiones legislativas y la parálisis presupuestaria de obras clave.

Una comisión más para cuando el agua tape todo

El Poder Legislativo bonaerense encendió las alarmas, pero a su ritmo habitual. El diputado radical Valentín Miranda, escoltado por María Alejandra Lordén y Priscila Minnaard, le presentó al presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Dichiara, un proyecto para constituir la “Comisión Especial de Seguimiento del fenómeno El Niño 2026/2027”, un espacio que busca centralizar proyectos y exigir informes mensuales hasta diciembre, el período más crítico del evento climático.

“Cuando el agua no escurre, los campos se anegan, los caminos rurales se vuelven intransitables, se complican la cosecha y el traslado de hacienda, y las localidades del interior quedan expuestas”, advirtió Miranda. La iniciativa apela al artículo 101 del Reglamento Interno y desempolva el antecedente de 1999, cuando la Ley 12.307 creó un cuerpo bicameral similar. Sin embargo, la duda recorre los pasillos de La Plata: ¿alcanza con la burocracia parlamentaria para frenar el agua cuando las tormentas azoten el norte provincial y la cuenca del Salado?

Financiamiento bajo sospecha: la plata está en la timba

El trasfondo del problema no es la falta de diagnósticos, sino de retroexcavadoras en marcha. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) reveló una radiografía alarmante del Fondo Fiduciario de Infraestructura Hídrica: de las 24 obras nacionales proyectadas, 15 están canceladas o suspendidas, el 62,5%. La ampliación de la cuenca del río Salado, que representa casi el 45% del presupuesto total, avanza a cuentagotas, con subtramos que marcan entre un 0% y un 18,8% de ejecución real.

Lo llamativo pasa por los números financieros. El Fondo Hídrico se alimenta con el 4,31% del impuesto a los combustibles y recaudó $611.667 millones entre enero de 2024 y mayo de 2026. Sin embargo, apenas destinó $140.971 millones a infraestructura real; es decir, unos escasos 23 pesos de cada 100 recaudados. ¿Dónde quedó la diferencia? Al 1 de junio, la caja acumulaba $290.676 millones colocados en LECAP. Los propios rendimientos financieros del instrumento ($59.747 millones) prácticamente empataron lo que el Gobierno nacional desembolsó en paladas de tierra ($61.082 millones). Mientras la Provincia anunció $2,3 billones para su plan de prevención, el núcleo duro del drenaje bonaerense continúa frenado.

Bahía Blanca y la pesadilla del “Súper Niño”

La urgencia hídrica no discrimina banderas ni latitudes. En el sur bonaerense, la diputada Priscila Minnaard (UCR) encendió las alarmas por la precaria situación hídrica de Bahía Blanca y le exigió al gobierno de Axel Kicillof un plan de trabajo ininterrumpido de 24 horas diarias, con turnos diurnos y nocturnos, para avanzar con las postergadas obras de reparación y saneamiento del Canal Maldonado.

Con el antecedente de las trágicas inundaciones de 2025, el reclamo recoge una preocupación que ya votó el Concejo Deliberante local, a través de los ediles Martín Salaberry y Cecilia Borelli. Respaldada por las advertencias de especialistas como el ingeniero Juan Carlos Scheffer sobre las severas limitaciones del sistema hídrico actual, la legisladora exigió acelerar una obra presupuestada en $109.000 millones que busca casi cuadruplicar la capacidad del canal, de 240 m³/s a casi 900 m³/s, ante la inminente amenaza de precipitaciones extraordinarias que podrían extenderse hasta febrero.

El reloj corre y el barro no espera

Las iniciativas se acumulan en las bancadas: Diego Garciarena (UCR + Cambio Federal) reclamó explicaciones sobre el Plan de Gestión del Riesgo, mientras que Luis Ontiveros (La Libertad Avanza) pidió datos sobre las postergadas obras del conurbano, recordando con frialdad que “los fenómenos climáticos no pueden evitarse”.

Entre comisiones por redactar, partidas presupuestarias atrapadas en el circuito financiero y parche sobre parche en los municipios, la provincia de Buenos Aires enfrenta una carrera contra el reloj. El fenómeno meteorológico ya está instalado y la infraestructura sigue en deuda. Si las precipitaciones cumplen con los pronósticos más pesimistas, el costo del estancamiento lo volverán a pagar los mismos de siempre.